Economía Política

Los CEO´S prendieron el GPS y están recalculando

https://ar.pinterest.com/

La economía transcurre en dos velocidades no sólo para el ciudadano de a pie, que más pelea la crisis a diario, sino para las empresa de todo tipo y factor. Comenzó la ronda de indicadores económicos negativos, que van midiendo el inicio de la crisis (en abril pasado) y seguirá con mediciones estadísticas muy malas (que irán registrando lo que está pasando en este trimestre en curso, es decir, hasta ahora el pico de lo peor). En paralelo, conviven hechos internacionales alentadores para la macroeconomía que vislumbra el Gobierno y en este minué de dos velocidades las empresas van recalculando sus planes y proyecciones. No es un dato menor porque lo que hagan hoy impactará en la economía real del inicio del 2019, donde se juega el partido político de fondo para la Argentina.

La baja del nivel de actividad al 4,2% en el segundo trimestre de este año y la suba del desempleo en 9,6% en igual período, la pérdida de 106.000 puestos de trabajo son algunos datos oficiales que golpearon en el ya existente malestar social pero no serán nada comparado con lo que vendrá. Solo esta semana, se conocerán otras estadísticas desalentadoras; evolución del ingreso, balanza comercial y estimador de actividad económica, además de las mediciones de pobreza e indigencia. La caída del poder adquisitivo del salario respecto de la devaluación sería del 12%, de acuerdo con mediciones de consultoras como la de Orlando Ferreres pero si lo mide la CGT, llegaría al 15% según el dirigente canillita Omar Plaini. Y hacia eso mira el paro de la central obrera de Azopardo de hoy, que pide en la escena la reapertura de paritaria y en el fondo, en bambalinas, el rearmado del peronismo para volver en las urnas el año próximo.

En las empresas, la devaluación también hizo estragos. Hay ventajas notorias para los exportadores pero caras largas por los nuevos impuestos transitorios a las ventas al exterior. “No los sacan nunca más”, es la frase que más se repite en voz baja en todas las oficinas de los CEO´s. Por eso el documento del Foro de Convergencia Empresarial (FCE) fue, una vez más, al grano: el ajuste no fiscal no puede realizarse aumentando la presión tributaria y ampliando la brecha impositiva entre provincias y municipios, como rezó el paper firmado por todas las entidades que lo componen y que coordina Miguel Blanco. Ese documento remarcó que “la Argentina paga en impuestos un 7% del PBI, por encima del promedio de América Latina (u$s 30.000 millones)” y continuó advirtiendo que “se trata de una carga adicional que complica mucho la actividad económica e impide o dificulta nuevos emprendimientos”.

Por otra parte, el “calce” de la devaluación con el cierre de balances de algunas empresas fue letal, incluso, para compañías de gran tamaño. Una alimenticia que tiene 60 fábricas en todo el país perdió cerca de 3.000 millones de pesos por ese enroque financiero que el mega equipo económico “no midió” al maniobrar sus políticas. Ni qué hablar del termómetro que viven las pequeñas y medianas empresas. Ese es un verdadero territorio de locos. Hay proveedores (grandes compañías) que no les pagan en término y hoy ya hay más de un 70% de pymes que tiene rota su cadena de pagos pero hay otras grandes compañías, donde los gerentes financieros volvieron a ser las vedettes del momento desplazando una vez más a los gerentes operativos o de producción donde los pagos se adelantan (entre 25 y 28 días) porque se maniobra a diario con el serrucho en la cotización del dólar. El financiamiento es una bomba de tiempo para las pymes que este sentido están en llamas y fuentes del sector confiaron que es el tema más recurrente y cotidiano en, por ejemplo, las reuniones de líderes que realiza IDEA Pyme. En ese sentido, la coyuntura está modificando casi a diario los debates dentro de la mesa chica que discute el 54 Coloquio de IDEA que se realizará el mes próximo en Mar del Plata y en la Unión Industrial, que preside Miguel Acevedo, las bases están que trinan y ya imponen condiciones para el nuevo mandato que comenzará en abril pero cuya definición se adelantó tanto por la coyuntura como por las consecuencias judiciales en algunas empresas y dirigentes fabriles en torno a la investigación del juez Claudio Bonadío por los cuadernos de las coimas.

Por eso parece imprescindible que se ancle el tipo de cambio porque eso antecederá a la desaceleración de la inflación. Sólo septiembre (le peor momento) será un golpe de knock out. Tal como va la suba en alimentos básicos y el impacto en los aumentos de los combustibles, septiembre se encamina hacia un 6% más que a un 5% de IPC, susurran en las consultoras privadas serias que son, de hecho, materia de consulta permanente incluso para la Casa Rosada. También es cierto que si se aplaca el dólar y hay tregua económica por el anuncio del acuerdo con el Fondo Monetario y hasta que se vayan cerrando las negociaciones políticas en el Congreso por el Presupuesto 2019, todas las miradas se concentrarán más en los indicadores social de este año; justamente aquellos que van a ir yendo “de Guatemala a Guatepeor” y, en ese sentido, algunos analistas como Javier Rosendo Fraga “es el momento más difícil desde 2002 en este sentido, aunque la situación económica desde lo técnico sea totalmente distinta y el presidente Macri tiene por delante el principal desafío de su gestión”.

Todos los CEO´s hoy están recalculando entonces justamente en ese terreno. Las ventas podrán caer una décima más o una menos pero los nuevas plantas, las ampliaciones, los nuevos proyectos de asociación, están en stand- by y son justamente aquellos que generan empleo privado genuino. Dicho en palabras del economista Daniel Artana de FIEL, “el FMI adelanta a un año la plata que iba a prestar en dos años y el Gobierno ajusta en un año, lo que iba a achicar en dos”. Se debate algo tan profundo como eso que es, por ejemplo, una poda en el gasto público 4 veces mayor que la que había propuesta Ricardo López Murphy cuando fue ministro de Economía y sólo pudo durar en esa poltrona 15 días por el alto costo político de aquella decisión.